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La inteligencia emocional, al servicio de la empresa

13/02/2019

Todos hemos leído y escuchado acerca de las muchas y variadas habilidades que debe reunir hoy en día un líder: empatía, escucha activa, comunicación asertiva, flexibilidad, versatilidad, etc. Habilidades todas ellas que se enmarcan en su “yo social”, aquel que guía sus relaciones interpersonales y las articula en pos del bien común.

"Ahora, son las soft skills o habilidades blandas, las que marcan la diferencia..."

Hasta hace poco, las habilidades técnicas –o hard skills- y el cociente intelectual, equiparables ambos de la formación y títulos académicos que uno poseía, eran los que guiaban cualquier proceso de selección o plan de desarrollo. Ahora, son las soft skills o habilidades blandas, las que marcan la diferencia no solo en el desempeño y el día a día profesional de los empleados, sino en su grado de motivación y compromiso. Al fin y al cabo, el líder debe ser el máximo exponente de los valores corporativos de la compañía y el máximo facilitador de los procesos, relaciones, formaciones y planes de carrera que se sucedan en el seno de la empresa. Debe convertirse en fuente de inspiración de unos colaboradores que sientan que pueden contar con el apoyo, acompañamiento y consejo de un líder que no solo disp one de unas habilidades técnicas y estrechamente ligadas a su función, sino de unas interpersonales que promuevan la interacción de los colaboradores, dejando que cada uno brille y aporte lo mejor de sí mismo al objetivo común.

Inteligencia emocional - habilidades sociales blandas

Aproximación al concepto de Inteligencia Emocional

¿Qué es la inteligencia emocional? La Real Academia Española define el concepto “emoción” como “alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática”. La emoción es un impulso que, bien gestionado, puede movernos a la acción y conectarnos con aquello que nos motiva o nos satisface, dotando de significado todo aquello que hacemos, algo que nos reconforta especialmente.

Si esa emoción la llevamos al terreno empresarial, dejando que fluyan habilidades como la amabilidad, la empatía, el respeto, la escucha activa, la comprensión, la compasión, etc., el líder será capaz no solo de llevar el timón de la empresa, sino de hacerlo de una manera más coral, promoviendo que sus subordinados se sientan a gusto y capaces para realizar su función. A principio de los años 90 del siglo pasado, los psicólogos John Mayer y Peter Salovey fueron los primeros en catalogar esta gestión empresarial a caballo entre las habilidades técnicas y las sociales como inteligencia emocional. En concreto, Mayer y Salovey la definieron como “un tipo de inteligencia social que incluye la habilidad de supervisar y entender las emociones propias y las de los demás, discriminar entre ellas y usar la información para guiar el pensamiento y las acciones de uno”.


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La inteligencia emocional es resultado de unir cerebro y corazón...

Poco después, sería el psicólogo y periodista Daniel Goleman el que populizaría y ampliaría el concepto. Lo hizo en 1995 en su libro “Inteligencia emocional”, el cual le convirtió en un gurú sobre el tema. Goleman la describió como “la habilidad de las personas para reconocer sentimientos propios y ajenos, saber manejarlos, crear una motivación propia y ser capaz de gestionar relaciones interpersonales con éxito”, una competencia que serviría para complementar el cociente intelectual que hasta entonces primaba como factor del éxito y que también recibiría el nombre de coeficiente emocional. La inteligencia emocional es resultado de unir cerebro y corazón, un tándem que solo puede aportar ventajas a la organización.

En palabras de Goleman, una persona no es inteligente solamente en términos intelectuales, sino que lo es cuando en su gestión intervienen factores emocionales y sociales. Algunos expertos apuntan que la inteligencia emocional es responsable del éxito de los líderes empresariales en torno a un 85% de las veces. No es para menos, ya que se trata de un concepto que engloba habilidades como la comunicación y la escucha activa; la resolución de problemas; la autoconfianza, motivación y deseos de superación; el trabajo en equipo y la capacidad de negociar y de resolver problemas y conflictos, algo que le permitirá adaptarse mucho mejor a los cambios naturales que se suceden con el paso del tiempo.

Y tú, ¿estás dispuesto a poner la inteligencia emocional al servicio de tu estilo de liderazgo y, por ende, de la organización?

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