¿Qué alimenta a la actitud?

La formación para mi es una oportunidad para incrementar el número de opciones entre las que elegir ante una determinada situación (problema o posible mejora), y una opción para generar nuevas perspectivas desde las que enfocar las circunstancias que rodean a las situaciones con una orientación más global e integrada.
En definitiva, la “construcción de una habilidad” supone alcanzar una capacitación que repetida y asentada como comportamiento se instituye como un hábito. Y evidentemente la formación contribuye a ello y está en la base del proceso.
Sin embargo, el conocimiento que precede a la habilidad y la repetición que construye el hábito se nutren de la voluntad y la actitud. ¿Pero, qué alimenta a la actitud y finalmente al hábito?
Se pueden visualizar muchos “disparadores del hábito” (predisposición y automotivación por repetir un comportamiento hasta alcanzar el hábito y su mantenimiento), que podrían estar relacionados con factores motivacionales, tal vez con convicciones y/o con expectativas y anhelos de desarrollo.
Sin embargo la clave, tal cual se produce en la gestión de un cambio, y por lo tanto en el desarrollo de esta competencia, está en el ataque que auto motiva o auto alimenta a la actitud que trabaja la repetición para desembocar en el hábito.
Este ataque son los argumentos lógicos que filtrados y aceptados por los valores, se convierten en mensajes fuerza, que cual mensajes apremiantes, estresan la dirección de nuestras actuaciones y guían nuestros comportamientos.
Recuerdo cuando me asimilé la diferencia entre convencer y persuadir. Fue para mí un auténtico descubrimiento darme cuenta que en la influencia yo defendía, incluso vendía mi verdad con la objetividad subjetiva que nos caracteriza, poniendo la información sobre la mesa para que quien la recibía, eligiera proactivamente si estaba de acuerdo con mi idea dejándole margen a la interpretación y a la aportación construyendo juntos una nueva idea o realidad más rica si cabe.
El disparador fue el realize que filtrado por el sentido común, concuerda con los valores y se graba en la psique con amenaza de perennidad.
Y esta es la potencia de algunas acciones formativas, sobre todo, aquellas que cambian paradigmas y van al centro que dirige las actuaciones. Esa “convicción soportada por valores” es motor para un desarrollo sostenible y duradero.
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